El sábado ya casi no me acordaba del tema.
Tuvimos una actuación de teatro en el local social del pueblo, que fue muy
divertida. Era un teatro de marionetas y nos contaron un sin fin de historias
en las que aparecían duendes, y hadas, y también brujas y otro personaje tan
feo que no era un monstruo pero lo parecía. Cuando llegamos a casa mi papá nos
preguntó si nos había gustado el teatro. Además de contestarle que sí, Jovita
le dijo: ¿sabes papá qué mama tiene monstruos y brujas en casa?. Papá nos miró
con cara de sorpresa y sonriendo contestó: pues no, no sé nada del tema.
Lo sabía, nuestra madre no se lo había
dicho ni a papá. Tenía que seguir investigando.
El domingo tuve que hacer los deberes. Y
como salió el sol y hacía muy buena tarde, cuando terminamos las tareas Jovita y
yo nos fuimos al parque a jugar con las amigas, pero luego cambiamos de opinión
y nos fuimos a coger moras a unas zarzas que están muy cerca de los columpios
porque nuestra madre aunque tenga monstruos y brujas escondidos sabe hacer
mermelada de moras y está muy buena.
Y esta semana ha ocurrido algo nuevo:
sorprendí otra vez a mi madre hablando por teléfono y sin que ella me viera me
quedé espiando las cosas que decía, (aunque yo ya
sé que eso de espiar no es del todo correcto). Y mira por donde esta vez no
habló ni de monstruos ni de brujas hablaba de la compra y de un supermercado
nuevo y de repente le oí decir: los tesoros ya han llegado a casa y bla bla bla
bla bla.

